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jueves, 28 de mayo de 2009

Un socialismo no economicista

En la actualidad se considera al hombre como un ser básicamente económico (homo oeconomicus), de lo que se deriva que el bienestar social se da en la medida en que la situación económica es buena. Dejar que el Socialismo caiga en la conceptología moderna –reducción a una visión economicista de la vida- es convertirlo en una reacción a lo preexistente, al tomar como suyas las definiciones creadas por aquello que combate.
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El modo de entender al hombre es la base de todo Sistema; y el socialista nace de un orden ético, espiritual e idealista, tomando la equidad y la justicia como valores superiores a la igualdad y el clasismo. Como consecuencia, el fin del Sistema no es el bienestar (beneficio) exclusivamente económico, sino el social, tomado el parámetro social como elevación del espíritu. Hay que eliminar el sometimiento a la moral economicista, devolviéndole para ello al trabajo el valor que hoy se le da al dinero.
El economicismo ve a los grupos humanos como consumidores, y esa es la identidad que se le da a la persona.
Se le desprende de todo valor y se le deja la identidad de simple elector político-económico: su participación en la comunidad consiste en elegir producto y partido, en consumir y en optar por una forma de gestión económica.
Se toma la autonomía individual como bien fundamental, con lo que hay tantas verdades como personas, y de ellas nace “la verdad”. Un planteamiento que permite que un grupo de personas asociadas y en mayoría sean capaces de decidir qué existe y qué no existe, qué es bueno y qué es malo. Y las personas se asocian por su categoría económica, naciendo así las clases sociales: grupos de similar poder adquisitivo.
En cambio, es necesario volver a la idea de comunidad popular, en los barrios, en las ciudades, en las asociaciones. Un anticlasismo militante que significa dos cosas: las “clases” que surjan de la nueva vida socialista no deben tener conciencia propia de fuerza independiente, supraindividualista, porque son fruto de las diferencias naturales (todo el pueblo es una misma clase: la clase de los trabajadores honrados) y no de las económicas; y la élite existe únicamente por razón de ser el motor intelectual y cultural de la nueva sociedad, no por mecanismos de poder económico y político.
Solo así nace la comunidad, la Patria
. Aún con las condiciones determinantes preexistentes que se den a nivel étnico, cultural o histórico, la Patria es un quehacer diario fruto de un acto de voluntad y de un proyecto. Los defensores del patriotismo revolucionario tenemos un ideal irrenunciable: el Socialismo. Es éste el fundamento de la Patria y el objetivo de la Revolución, con lo que quedan definidos los tres pilares de nuestra lucha.
Lo que nos separa a nuestro socialismo de los demás socialismos es, en ocasiones, un abismo insalvable. El salto cualitativo del materialismo de base al idealismo militante es sumamente difícil de realizar. El socialismo, podría decirse, convence, no converge. Hay diversas formas de dividir los socialismos, pero la más clarificadora es la que los divide entre los economicistas y los no economicistas.

NUESTRA LUCHA