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jueves, 8 de julio de 2010

Contra el ser nacional

La ciudad puerto atenta contra el ser nacional
Por Dr. Javier Cornejo
Abogado especialista en derecho internacional
El próximo viernes 9 de julio se cumple un nuevo aniversario de la declaración de nuestra Independencia Nacional, efectuada en Tucumán en 1816. Se declaró la independencia de “los Reyes de España, sus sucesores y metrópolis”. Luego se agregó: “y de toda dominación extranjera”. El término declarativo de Independencia quedó aislado y sin explicación de su sentido al desaparecer los libros de actas del Congreso, en donde constaban los debates del porqué y para qué de la misma. Del acta quedó una copia redactada por el secretario don José Mariano Serrano (El Tribuno 21-9-09, pág. 20).Según el acta supérstite, la Independencia abarcaba a todas las “Provincias españolas de Sur América”, bioceánica, con sus costas en el Atlántico y en el Pacífico, abarcando una superficie de 7 (siete) millones de km2. Luego de las campañas libertadoras se limitó a una Argentina “atlántica” y de menos de 3 (tres) millones de km2. A casi dos siglos constatamos que tal declaración tuvo una dudosa efectividad geográfica y territorial.
Independencia efectiva
En el año 1994, un pedazo de suelo argentino sí alcanzó su efectiva independencia del resto de la nación. Así como en el 1800 Buenos Aires fue decisivo para el inicio del control de toda Sudamérica, en este siglo XXI su papel es esencial. Buenos Aires, transformada por la reforma constitucional de 1994 en Ciudad Autónoma (art.129 de la Constitución Nacional), es un enclave financiero para controlar a toda Argentina y a toda América del Sur. La UNASUR es el organismo clave para tal cometido. Tanto es así que un importante edificio del Ministerio de Defensa Nacional se encuentra en urgente remodelación para albergar a su presidencia. La Ciudad Autónoma puede celebrar tratados internacionales por sí ( arts. 124, 125, 129) y también puede recabar la presencia de organismos militares internacionales para defender los derechos y pertenencias financieras de las grandes empresas multinacionales que allí se domicilian. Un régimen similar al que tuvo Buenos Aires entre 1853 y 1862, cuando formó un Estado libre, separado o erradicado del resto del país. Las recetas efectivas se repiten a lo largo de la historia de los pueblos, por ello, con la reforma constitucional de 1994 Buenos Aires dejó de ser condominio de todas las provincias que fundaron la Argentina. No obstante, sigue recibiendo de la producción y el trabajo de todo el país 265 millones de coparticipación de retenciones agropecuarias, quizá necesarios para que pueda presentarse al mundo como ciudad emblemática del turismo homosexual, adecuando al mismo su perfil, sus comercios, cruceros, hoteles, acordes a lograr la primera distinción mundial en tal sentido. La “cuña portuaria” se encamina categóricamente a contramano de las pocas raíces que van quedando en nuestro vapuleado “interior” provinciano, alterando decididamente, una vez más, la posibilidad de construcción de un esencial ser nacional. Por ello, desde el norte argentino, desde Salta, donde todavía contamos con la fuerza de nuestro Señor y la Virgen del Milagro, del carisma histórico de nuestro Martín Miguel de Güemes, de nuestra literatura y nuestra poesía, de nuestra música, de nuestra tonada y del rico idioma, de nuestro dispar y bendecido territorio provincial, y con la integridad de nuestro convencimiento, debemos poner freno a la estampida disolvente que nuevamente intenta imponernos la ciudad puerto que decidió ser Autónoma.

NUESTRA LUCHA