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jueves, 11 de octubre de 2012

Por que es imposible un "Golpe de Estado"

Por qué es imposible un "Golpe de Estado"
Por el Lic. Jorge P. Mones Ruiz
Como consecuencia de acontecimientos que están siendo protagonizados por las Fuerzas de Seguridad (Prefectura Naval Argentina y Gendarmería Nacional), no fueron pocos los políticos, analistas y periodistas preocupados, con "cola de paja" algunos, y "nostálgicos" otros, que instalaron el tema del golpe de estado como escenario posible y, obviamente, no deseado. Otros descartaron confiados y con sólidos fundamentos esa posibilidad, pero haciéndose eco de versiones que pretenden meter miedo, dejaron que el concepto cunda, quizás por las dudas.
Pero… ¿por qué es imposible un golpe de estado?
Porque para que haya un golpe de estado, primero tiene que haber un Estado. Y si éste existiera, tendría que haber medios para “golpear”.
En el territorio reconocido como la Argentina: ¿hay Estado?
No existe como tal en los términos políticos y constitucionales que deben caracterizarlo. Muchos definen al que tenemos como un “estado ausente”. Con un poder ejecutivo impostor y delincuente, una escribanía de gobierno prebendaria que simula ser un congreso, y un poder judicial prevaricador, prostibulario y corrupto ... ¿de qué estado estamos hablando?
Además, con una sociedad contemplativa que cree (sin dudas de buena fe) poder cambiar el rumbo de las políticas del gobierno, o la falta de ellas, al son triunfal de las cacerolas, pero que acompañó mansamente durante años la malversación de la democracia y una progresiva parálisis de la República, cuesta afirmar que tengamos un Estado como tal, y dudo que pueda restablecerse con “baterías”, obviamente de cocina, PERO VALE LA PENA INTENTARLOEn un Estado conviven ciudadanos, en un territorio deambulanhabitantes, nativos o “importados”. ¿Cómo debemos reconocernos? Para ello, la cita del 8 de noviembre (cacerolazo nacional) es una magnífica oportunidad para hacerlo, a pesar de lo mencionado renglones arriba.
Y para un “golpe”: ¿hay medios?
Basados en la experiencia histórica debemos admitir que para este tipo de “alternativas” siempre fueron convocados los fuerzas militares. Pues bien, hoy esos medios no existen para tales "aventuras políticas". Los uniformados no tienen la motivación espiritual, preocupación intelectual, ambición corporativa, ni capacidad operacional para llevarlo a cabo. Están sordos de sordera absoluta a los "cantos de sirena". Aprendieron.
Lejos están los militares actuales de pretender “avasallar” la Constitución Nacional. De ello se encargan ahora muchos políticos, empezando por la presidente, y varios jueces (como Zaffaroni y Oyarbide), a los que tenemos que soportar.
Entonces … ¿qué escenario más o menos probable, y sin desearlo, advertimos para nuestro país?
Hans Magnus Enzensberger, en su ensayo “Perspectiva de Guerra Civil” (1994), planteó el concepto “de guerra civil molecular a escala planetaria”, expresada en ámbitos urbanos y vinculada a las subculturas de tipo marginal. Se trata de un conflicto sin objetivos políticos claros, con un alto grado de violencia, y en ese sentido, el escritor alemán advierte que ”cualquier vagón de subterráneo puede convertirse en una Bosnia en miniatura”.
En una fase que podríamos definir como pre guerra civil molecular, se multiplican los espacios “off limits”. La indolencia, seguida de omisión y comisión, desemboca inevitablemente en la pérdida de manejo de la seguridad interior por parte del aparato estatal. Se generalizan las medidas de autodefensa (posesión de armas, rejas, candados, puertas, autos y chalecos blindados). La conformación de barrios cerrados por sectores de alto nivel socioeconómico y la seguridad privada se torna usual.
En la siguiente fase, desde el momento en que una organización o masa delictiva se apropia de un territorio, todas sus acciones deben entenderse como acciones de guerra civil molecular, incluso aquellas que representan enfrentamientos entre bandas. Comienzan los entrecruzamientos de acciones; proliferan los combates entre organizaciones (bandas, mafias, carteles, hinchadas, grupos estudiantiles, patotas juveniles). La naturaleza del arma empleada no es relevante, sí lo es la voluntad de avasallar al otro ignorando completamente a la autoridad estatal.
Comienzan a desarrollarse al inicio acciones de tipo ofensivo, como ser:  vandalismo, extorsión, secuestros, todas aquellas actividades tendientes a librar un territorio del monopolio ejercido por el Estado. Luego acciones de afianzamiento que buscan consolidar al nuevo poder, y, finalmente, de expansión (guerra civil molecular de naturaleza expansiva): los grupos que logran dominar una porción de territorio arrebatado al poder del Estado no permanecen aferrados a él, incursionan con más fuerza en el territorio que permanece bajo el dominio estatal.
Las acciones de tipo defensivo surgen a partir de la resistencia en la sociedad frente a la ineficiencia del Estado y esa resistencia que superficialmente sería un obstáculo a los fines del "comandante invisible" (la antijuridicidad) es en realidad un triunfo clave porque cuando la sociedad se vuelca a la autodefensa, se fragmenta y se distancia del aparato estatal. Esta fragmentación puede observarse también en las fuerzas uniformadas y su más clara expresión es la fragilidad, cuando no la ruptura, de la cadena de mandos.
Finalmente, se llega a la fase final: Anarquía y/o Guerra Civil.
El colapso del Estado significa el fin de la guerra civil molecular y el comienzo de la anarquía. Sin embargo la anarquía extrema es transitoria, no subsiste por sí misma, retrocede hacia la regeneración del viejo Estado o se transforma en una guerra civil macroscópica con  vistas a la constitución de uno o varios Estados.
Parafraseando y adaptando la frase de Raymond Aron cuando se refería durante la Guerra Fría a la disuasión nuclear (“Guerra improbable, Paz imposible”), podemos concluir, respecto a nuestro futuro próximo, arriesgando lo siguiente: “Paz improbable, Golpe de Estado imposible”. Final abierto.

NUESTRA LUCHA