
Para analizar esta invasión del comercio asiático, nos tendríamos que remontar varios años atrás. Todo comenzó a raíz de la última reforma de la Ley de Extranjería, la cual provocó una llegada masiva de inmigrantes procedentes de países no comunitarios. Desde entonces, una de las poblaciones que más ha crecido ha sido la oriental, debido a las facilidades que encontraron para desarrollar sus negocios en nuestras tierras. El procedimiento que desarrollan para abrir sus bazares como norma general es el siguiente. Llegan de la noche a la mañana; si les gusta un local, al propietario le pagan bien y al contado, por lo que la mayoría no se resisten. Lo normal es que traigan el dinero de su país de origen sin tener que demostrar su procedencia. Generalmente, un local regentado por asiáticos es capaz de llenarse de mercancía y de ponerse en marcha en un plazo como máximo de 6 a 15 días. Los establecimientos chinos son la franquicia más rentable y más grande del mundo, pero también la más depredadora. Las tiendas chinas son una competencia desleal, porque jamás se puede competir con ellos. La mayoría no respetan los horarios, infringen la normativa de licencia, la de etiquetado y, lo que ya es el colmo, no cumplen con las obligaciones fiscales ni de la Seguridad Social. Igualmente, se ahorran gran cantidad de dinero en pagar a sus trabajadores, ya que los miembros de sus familias son las que componen la totalidad de la plantilla. Si analizamos todo lo anteriormente redactado comprenderemos que es imposible que un negocio español pueda competir con los bazares chinos.Estoy conforme en que los ciudadanos chinos puedan desarrollar sus negocios en España, pero también creo que tienen que tener las mismas obligaciones a la hora de regentarlos.
L.J.
Málaga
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