Blog disidente del Movimiento Nacional Patriota / ADVERTENCIA: La reproducción de frases, parágrafos de textos y simbologías sin citar nuestra fuente, ya sea blog, páginas, periódicos, revistas o trabajos de autoría nuestra, será considerada plagio, lo que devendrá en acciones legales contra la persona o grupo de personas. Incurrir en este tipo de infracción puede llevar a una sanción penal o una sanción económica con indemnización a los daños y perjuicios. / Porque defender Argentina no es un delito... Porque ya es hora de un cambio profundo... Porque somos tu Futuro ! MOVIMIENTO NACIONAL PATRIOTA



miércoles, 26 de junio de 2013

¿Guerra de sexos? por MATRIA

Las feministas llevan décadas cacareando que siempre hemos estado reprimidas por los hombres, que somos sus esclavas. Que tenemos que ser iguales que ellos. Igualdad. La famosa palabrita. La palabra imposible.
En realidad no quieren igualarse a nadie. Quieren que nos enfrentemos. Que cada vez haya más discordia. Menos complicidad, menos apoyo entre hombre y mujer. Menos familia y más “YO”.
En Europa, la mujer nunca ha sido insignificante. Y menos la mujer española. Ya los cronistas romanos hablaban de las íberas altivas y respondonas. La Reconquista tuvo muchas mujeres protagonistas. Desde reinas y nobles hasta defensoras anónimas de sus hogares frente al invasor. La Historia de la Conquista de América está plagada de nombres de mujeres españolas: Mencía Calderón, María de Estrada, Isabel Barreto, Catalina de Erauso,… ellas y cientos de mujeres que acompañaron a aquellos aventureros españoles en la mayor gesta que han visto los siglos.

Siempre hemos estado presentes. Desde las numantinas que eligieron morir antes que perder la libertad, hasta las enfermeras de la División Azul que marcharon voluntariamente a socorrer a sus compañeros que luchaban en el Frente del Este; pasando por las madrileñas que se lanzaron a la calle un Dos de Mayo para pelear con uñas y dientes contra el invasor. Presentes. Hombres y mujeres. Un pueblo.
No podemos reclamar ser iguales que los hombres porque no lo somos. Ni queremos serlo. No nos oprimen los hombres, nos oprime este sistema. Un sistema que enarbola la bandera de la igualdad mientras discrimina a todo un pueblo en su propia tierra. Que habla de libertad mientras nos esclaviza a través de una élite económica voraz y un pensamiento “políticamente correcto” enfermizo y condescendiente. Un sistema que reclama fraternidad mientras fomenta el conflicto fratricida entre regiones.
La solución no es la guerra de sexos. Es la guerra al sistema. Hombres y mujeres debemos recuperar nuestra libertad. Nuestro sitio. Y terminar con este sistema antes de que él acabe con nosotros.


 Extraido de matriaspain.blogspot.com.ar 

jueves, 20 de junio de 2013

YO SOY EL HIJO DEL FUEGO

Yo soy el hijo del Fuego
ELIJO:
Ser yo mismo,
amar a mi tristeza, mi orgullo, mi soledad:
El destino de amor, la alegría y la muerte.
ELIJO:
La belleza, lo que es difícil, el orden natural de las cosas;
la superación de lo que en mí es todavía demasiado humano;
el símbolo de una actividad impersonal solar;
la forma cristalina interior más allá del bien y del mal;
el desprecio de lo que es pequeño, mezquino, servil,
feo, temeroso, conformista, bajo, vil, normal.
Obediencia total a mi código libre de honor.
ELIJO:
Acción, desafío, siendo heroico, libre y aristocrático;
la herencia de sangre, para la construcción de:
Una nación fuerte, aristocrática, libre.
ELIJO:
La lucha como una forma de vida,
la vida como un juego,
el juego como una forma de lucha.
ELIJO:
Vivir la idea,
ser la idea.

jueves, 18 de abril de 2013

La Revolución Tradicional



Frente a los que claudican bajo la Modernidad porque es el presente, sin saber aprender del pasado y mirar hacia el futuro, contra los que han renunciado al restablecimiento de un régimen basado en el Orden Natural, frente a los que ponen su alma en las obras de los hombres, sin tener en cuenta la fuerza esencial de la Verdad y la debilidad intrínseca del error, nosotros, los que no renunciamos a nada, propugnamos un principio: La Revolución Tradicional. 

Revolución

Somos revolucionarios porque nuestro rechazo es contra la esencia, la naturaleza profunda del Sistema. Lo que propugnamos es un cambio total en profundidad de las estructuras actuales, un mundo distinto; ni siquiera económica, social y cultural, sino que propugnamos un cambio de las propias raíces de nuestra civilización que traiga el Hombre Nuevo del Cristianismo.

No somos reformistas, porque propugnamos la transformación radical del Sistema y no creemos que una lenta evolución pueda traer la restauración del Orden Natural. Vivimos en un mundo podrido desde las raíces, que no puede ser podado, sino que debe ser arrancado. Nunca va a dar frutos sanos, sino que ha podrido cada injerto de ramas de buen árbol que se le inserten.

El Mundo Moderno no es pagano, ni ateo, sino apóstata. Es un mundo que no desconoce a Dios, sino que lo niega, incurriendo en el pecado contra el Espíritu Santo, el “Odium Dei”, el único que no es perdonado. Es un mundo que se niega a la Salvación de Dios y que no merece ser salvado. 

No somos conservadores, porque poco o nada queremos conservar de lo que hay. El conservador es el liberal mojigato que acepta los fundamentos del liberalismo, pero que no se atreve a llevarlos hasta el final. No quiere que la Patria se subvierta más, pero tampoco quiere renunciar a ninguno de los pasos dados hasta ahora por el materialismo. Es el mantenimiento del “status quo” actual, porque en él están sus privilegios económicos burgueses. Son los que en palabras de Mella “levantan tronos a las premisas y cadalsos a las conclusiones”.

No somos reaccionarios porque nuestra revolución no toma como punto de referencia el sistema contra el que lucha, sino que nuestra seña de identidad está en la Verdad y no en la reacción contra lo que hay. Tampoco incurrimos en el nihilismo revolucionario de la “revolución por la revolución”, porque nuestro motor no es el odio, ni la envidia, sino la fe en un proyecto.

No estamos ni a favor ni en contra de la “burguesía” o del “proletariado”, ambos harina del mismo costal, porque no hay más diferencia entre ellos que el tener o no tener. No creemos en la lucha de clases, sino en el amor al prójimo. Estamos tan lejos del egoísmo de la derecha, como de la envidia de la izquierda.
No nos consideramos contra revolucionarios, porque éstos se quedan a mitad de camino: rechazan la Revolución Anticristiana, pero no llegan a propugnar la Revolución Cristiana. Son una simple negación, mientras que lo nuestro es una afirmación.

Tampoco somos fascistas ni nazis, ni nacional-revolucionarios, nihilistas, bolcheviques o socialistas, todos hijos de la modernidad, porque no somos inventos de la verdad, ni creemos en la validez de las ideologías, sino en el valor de la Verdad, que es la que nos hace a nosotros y nos tiene, no nosotros a ella.

Tradicional

Nuestra revolución no es un fin sino un medio. No luchamos por destruir, sino que destruimos para construir. La destrucción es accidental, la construcción esencial.

Creemos en la existencia de unas verdades absolutas, que la verdad es la misma por encima de los siglos y las fronteras. El hombre alcanza la Verdad mediante la razón y la Revelación de Dios. La imperfecta naturaleza del hombre necesita la guía de la Iglesia Católica para no desasirse de la Verdad. Todo ese conjunto de verdades, fruto de la experiencia de los siglos iluminados por la luz de Cristo, transmitidas generacionalmente, es lo que constituye la Tradición.

La finalidad de nuestra revolución es restaurar la Tradición, el establecimiento de un sistema total basado en el Orden Natural, inundado por el Sobrenatural. Desborda lo que es un simple proyecto político para entrar en lo que es una civilización distinta, con un sistema de valores que nada tiene que ver con el actual. Es otra sociedad, otra mentalidad, otro estado, otra cultural, otro mundo.

No aspiramos a la utopía irreal, sino que nuestro proyecto político-social se fundamenta en la naturaleza del hombre y en el legado de la historia. Es el Mundo Moderno el que se rige por criterios irreales y absurdos, funcionando como una maquinaria antihumana.

En primer lugar, la Revolución Tradicional pretende recuperar la cosmovisión teocéntrica del mundo y de la vida. Afirmamos que lo político debe estar subordinado a lo religioso, lo social a lo político, y lo económico a lo social. Siempre ha sido así en todos los siglos, en todas las culturas, menos en el occidente moderno. Nuestra aspiración es un mundo donde el amor al prójimo, la caridad, la verdad, la justicia... todas las virtudes católicas, sean los motores sobre los que se impulsen las relaciones humanas.

Fruto de nuestra Fe, es el amor a la Patria. Es el prójimo en sentido amplio, los nuestros, los que comparten nuestras costumbres, nuestro suelo, nuestra sangre, nuestra historia, los inmediatos, la gran familia de las familias. Luchamos por la unidad, grandeza y libertad de la España cristiana, que sentimos como parte de nosotros mismos y de la que sabemos que también somos parte.

De la fe en Dios y del amor a la Patria viene nuestro deseo de una sociedad justa, donde todo el prójimo tenga una vida digna, donde el Estado sea el padre que vela por el Bien Común y la sociedad viva en el justo equilibrio entre autoridad y libertad, Creemos en una economía para el hombre y no que el hombre sea para la economía. Por tanto nuestra revolución va dirigida contra el Capitalismo, el Socialismo y cualquier otra forma de materialismo o economicismo.

Compromiso

El revolucionario de la Tradición sabe que la fuerza de un arma está en el brazo que la sostiene, la del brazo en el corazón, la del corazón en el alma y la del alma en Dios. Hay, por tanto, una subordinación del conocimiento a la fe, de la voluntad al conocimiento y de la acción a la voluntad. Fe, conocimiento, voluntad, acción... ese es el orden jerárquico.

Despreciamos la acción por la acción, radicalismo gamberril ideopatológico, tanto como la formación por la formación, escapismo intelectual autocomplaciente. Intentamos vivir el equilibrio entre acción y contemplación, aprender la formación para la actuación, la única esencial entre doctrina y lucha.
El revolucionario de la Tradición se sabe Cruzado, pero sabe que la auténtica lucha empieza dentro de uno mismo. Antes de romper las cadenas que aprisionan la sociedad, tiene que romper las que le encadenan el bolsillo, de la vanidad, de los testículos, del estómago, del odio... El combate es una forma de ascesis, una oportunidad de superarse, un estadio elevado de la vida y un conocimiento profundo de la realidad. El Cruzado vive en la libertad y la Verdad con la mirada puesta en lo eterno, sabiendo que el mundo es un sueño pasajero y la modernidad su enemiga.

No aspiramos a la victoria a cualquier precio. Toda lucha justa está subordinada a una ética y es mejor una derrota digna, porque lleva dentro la semilla de una victoria futura, que la victoria por medios inmorales, que por romper en la práctica las creencias propias lleva implícita la propia autodestrucción. La victoria indigna es el triunfo de las personas, pero la derrota esencial de las ideas.

La nuestra es una obra de amor. No nos mueve ni el odio ni la ambición, sino el amor a Dios, a la Patria, al prójimo. Por amar amamos hasta a nuestros enemigos, que compadecemos y aunque no despreciamos, sí combatimos. Sentimos el orgullo de nuestra lucha pero somos humildes, porque sabemos que la victoria será de Dios, no de nuestros méritos y cuando vemos un mundo podrido vemos reflejadas nuestras miserias. Podríamos haber sido como nuestros enemigos, pero la elección de los privilegiados que luchan es de Dios, no nuestra.

El luchador de la Revolución Tradicional es tradicionalista y revolucionario, que no son términos contrarios, porque en la Tradición está la doctrina y en la lucha nuestra revolución.

Revolucionarios por nuestra vida, tradicionales por nuestras ideas: Esa es la Revolución Tradicional.

*Texto extraido "revista Esclat"

miércoles, 17 de abril de 2013

El lobo y el águila

El lobo representa la fuerza mal contenida, irracional, impulsiva. En clave iniciática, corresponde a la toma de posesión de una fuerza cuyo empleo puede ser, tanto destructora, como constructora.

Aquel que dispone de ella, deb
e canalizarla y dirigirla. Esta fuerza puede volverse contra quien la utiliza, pudiéndolo destrozarlo o cabalgarlo. Permanece a sus lados como una amenaza constante, un arma de doble filo. Evola (8), contemplando esta situación, advierte: “En un solo instante disminuye de intensidad la tensión, gracias a la cual un poder es atraído hacia un hombre y le obedece, en el instante mismo este poder lo desborda y arrastra en el seno de la corriente vertiginosa de las “aguas”".

Esto vale para quienes pretenden utilizar la fuerza inconmensurable del lobo. Aquí reside la tentación titánica consistente en utilizar esta potencia con fines no espirituales, por razones individuales, materiales o colectivas. En este caso, esta fuerza se apropia de ellos, así la caída y la destrucción comienzan.

Evola, en otra obra (9), analiza la naturaleza simbólica del lobo y del águila. La primera está ligada al mundo, hereda su ambivalencia. Caracteriza la función guerrera y sus dos orientaciones posibles: caballeresca o titánica. El águila es, por otra parte, un ave, que escapa a la atracción terrestre y, así, se sitúa como intermediaria entre la Tierra y el Cielo. Por otra parte, contempla e incluso fija, al Sol que percibe directamente, en todo su esplendor. Simboliza la soberanía, la autoridad del Centro. Por ello, Evola habla de “someter el lobo al águila”, pues: “El águila es el símbolo de una naturaleza real que, por sus propias fuerzas, sabe elevarse más allá de la Tierra hasta fijar al Sol -según la antigua creencia”.

Mientras, el lobo permanece como “un rebelde que tiene el poder de arrastrar, pero no de construir”. Igualmente, opone su “potencia transitoria” a la “potencia eterna” del águila. Da como ejemplo a Rómulo que habría realizado una: “(…) transfiguración en lo sagrado de un principio simplemente viril y guerrero (lobo); una compenetración -si se puede decir- del principio desencadenado de Marte, dios de la guerra y de la serenidad solar y dominadora de Apolo”.

* * *


Todo es interesa recordarlo, especialmente a la hora de interpretar el simbolismo guerrero del lobo. Si bien conduce, escolta, es decir, protege en el curso de un desplazamiento peligroso, no da la dirección para ello. El lobo tiene necesidad de ser dirigido y sobre todo orientado hacia el polo espiritual, el que dispensa una fuerza positiva, constructora. Aquel que es lobo, o que marcha a su lado, tendido hacia el Uno, de forma auténtica, irradia pureza. Sino, el lobo no dejará de devorarlo."

 Extraido de Acción Nacional Revolucionaria 

martes, 9 de abril de 2013

¡ ASESINA !

sábado, 30 de marzo de 2013

FARE CUADRATO


"Cuando se esta tan cerca del precipicio y tan numéricamente limitado, la fuerza reside en la construcción de una red, en la interacción, en la sinergia, en la alianza, en la proximidad entre esas mismas fronteras que nos hemos interpuesto; no en la crispación entre pequeños grupúsculos, en los cálculos de comerciante por encontrar una irrisoria hegemonía.

Cuando se está seguro de lo que se es y de lo que se quiere, la ayuda mutua, el compromiso pragmático, la unión circunstancial, el echar una mano y la colaboración práctica no tienen porque verse como algo delicado y comprometedor.

Consciente de todo aquello de lo que se puede prescindir pero guardando siempre en la cabeza el objetivo fundamental, el militante espabilado y eficaz procura no censurar ninguna vía y se burla de las etiquetas si el contenido del proyecto o de la acción le parece útil y beneficioso."

   
 ¡Ahora más que nunca!

viernes, 29 de marzo de 2013

LA FÁBULA DE LA HORMIGA Y EL ELEFANTE

Había una vez un elefante que se sentía tan poderoso e indestructible que amedrentaba a todos los animales de la selva, y su fuerza era tan grande que nadie se atrevía a enfrentarse a él, ni el león podía comparársele. Resulta que entre los animales diminutos se hizo una apuesta. ¿A ver quien puede destruir al elefante? Como recompensa, se le prometía la gloria y la fortuna para su especie. El ratón lo pensó, pero decidió retirarse. Nadie se atrevía enfrentarse al elefante, el cual retaba a todos los animales de la selva.Un día las hormigas decidieron hacer una asamblea para estudiar la propuesta de los demás animales de la selva. Una de ella, la más laboriosa y astuta presento un plan y dijo:-Compañeras, no podemos enfrentarnos al elefante frente a frente, ni el león y el tigre lo hacen, así que debemos elaborar una estrategia diferente.... Una noche, mientras el elefante dormía un grupo selecto de hormigas, unas 50, treparon por el lomo del enorme animal y se introdujeron en su oído. Una vez dentro comenzaron a molestarle. El elefante, desesperado comenzó a dar sacudidas, grito y por último se lanzo en una veloz carrera como loco selva abajo, y descontrolado se precipito por un barranco  matándose.
Es cierto que murieron las hormigas, pero también mataron al elefante....


 
La moraleja de esta fábula es sencilla:
¡NUNCA SUBESTIMES A EL ENEMIGO!

 Extraido de Accion Nacional Revolucionaria  

NUESTRA LUCHA