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sábado, 18 de septiembre de 2010

Dar un buen ejemplo


Lo que he llegado a comprender acerca de las personas es que hay muy pocos que son conscientes del mal y que sólo hay una pequeña minoría que tiene un sentido moral desarrollado, capaces de pensar de manera independiente y formar sus propios puntos de vista acerca de lo bueno y lo malo, de lo que está bien y de lo que está mal. Y el resto de la población simplemente no tiene idea o conciencia de sí mismos.

Pueden ser brillantes o no, pueden tener buenos hábitos de trabajo o bien ser perezosos y negligentes, pueden ser muy disciplinados y tener buen carácter o pueden ser débiles, pero todos ellos ajustan sus opiniones —sobre lo que está bien y lo que está mal, sobre lo que es un comportamiento apropiado y lo que es inaceptable— a lo que perciben de la opinión y el comportamiento de sus semejantes.

No importa lo tonto que puedan ser sus opiniones, no importa cuan perversos podemos considerar su comportamiento, no tienen brújula moral para orientar esas cosas, sino que sólo puede ajustar su pensamiento y su conducta a la mentalidad y comportamientos que perciben en sus compañeros.

En el pasado, lo que percibían era real. Observaban y escuchaban a sus vecinos de primera mano. Y especialmente observaban y escuchaban a los líderes comunitarios, a las figuras con autoridad, incluyendo sobre todo a los padres.

Desde el surgimiento de los medios de comunicación, lo percibido ha sido cada vez más artificial. El pensamiento artificial de los medios de comunicación tomó el lugar de los padres y de otros modelos naturales en la conformación del pensamiento y del comportamiento de las masas. Y, por supuesto, la percepción se convierte en realidad poco a poco. Finalmente observamos entre nuestros compañeros que el comportamiento es muy similar al que vemos en nuestras pantallas de televisión. Así, los medios de comunicación —especialmente los de entretenimiento— continúan liderando y manejando el modo de pensar y el comportamiento del público.

La mayoría de las personas no son ni buenas ni malas. Su moral es neutra. Sus actitudes, opiniones y aspiraciones —sus juicios morales y su comportamiento— no están determinadas por un sentido innato de lo correcto e incorrecto, sino más bien se ajustan a las actitudes y comportamientos que perciben en sus pares, en forma real o artificial, y especialmente a la actitudes y comportamientos que perciben en modelos y figuras de autoridad. Cuando esos modelos figuras de autoridad a incorporar ofrecen lo que es mejor para la gente, entonces las actitudes y el comportamiento de las masas será buena, progresiva y caracterizada por las mejores tendencias de la raza. Si los líderes y modelos a seguir desarrollan y ofrecen nobles cualidades y grandeza, las masas tenderán hacia la nobleza y la grandeza.

Si los líderes muestran conciencia racial y respetan con orgullo las mejores tradiciones del pueblo, las masas también serán racialmente conscientes y tratarán de comportarse de manera tal que se manifieste el orgullo racial y el respeto por la tradición.

Pero si los modelos a seguir y las figuras de autoridad muestran lo peor y los más débiles rasgos de la gente, entonces tal conducta se verá reflejada en el comportamiento de las masas. Y si los modelos a seguir y las figuras de autoridad son meras marionetas controladas por intereses extraños, cuyo objetivo es la desmoralización y la destrucción del pueblo, entonces las masas se comportarán de la manera en que puede verse en la actualidad.

El punto es que a lo que tenemos que aspirar es, no a eliminar la gran masa de personas que tienen un mal comportamiento o malas actitudes, sino a cambiar sus modelos y figuras de autoridad. Para las masas, todo depende de los ejemplos que se establecen para ellos, en sus modelos y figuras de autoridad. Lo que el mono ve, el mono hace.

Nuestra tarea es comunicar y enseñar. Necesitamos comunicarnos con aquellos que son capaces de ser modelos positivos y figuras de y con autoridad para nuestra gente, y necesitamos seguir construyendo nuestros medios —nuestros medios de comunicación— para llegar a un número cada vez mayor de gente común y corriente, a aquellos que aún no han sido completamente corrompidos y subvertidos por los medios de comunicación de masas.

Cuando llegue el momento habrá castigo suficiente para aquellos que lo merecen. Pero lo que la mayoría de nuestro pueblo necesita —sobre todo aquellos con mal comportamiento— no es castigo, sino un buen liderazgo, un buen ejemplo. Y eso es lo que debemos esforzarnos por dar. William Pierce

NUESTRA LUCHA